lunes, 4 de octubre de 2010

El Hijo y Sus hermanos

Hebreos 2:5-18

5 Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; 6 pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, O el hijo del hombre, para que le visites? 7 Le hiciste un poco menor que los ángeles, Le coronaste de gloria y de honra, Y le pusiste sobre las obras de tus manos; 8 Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. 9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. 10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. 11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12 diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré. 13 Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio. 14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. 16 Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. 17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. 18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.


El escritor, habiendo hecho una seria aplicación de la doctrina de la excelencia personal de Cristo por sobre los ángeles, llamando a sus lectores a adherirse al Hijo para salvación, ahora parece regresar al tema original otra vez, y profundiza en él. Ahora describe otra maravillosa dimensión de la superioridad de Cristo: Cristo se hizo humano para llevar a aquellos que creen en él a la gloria.

Este pasaje se puede dividir en los siguientes segmentos:

Versículos 5 al 9: El autor usa el contraste entre ángeles y seres humanos para señalar el sorprendente hecho de que Cristo, el Hijo real, se hizo un ser humano, para lograr restaurar a la dignidad de la humanidad redimida y su lugar divinamente establecido en la creación.

Versículos 10 al 18: Para que los hijos de Dios fueran restaurados a la gloria descrita en el Salmo 8, el Hijo único tenía que sufrir la muerte en su lugar, destruir a su enemigo, liberarlos de la esclavitud y hacer propiciación por sus pecados.

El autor comienza haciendo una proposición negativa y una positiva: el estado futuro de la iglesia y de la creación (llamada aquí “el mundo venidero”) no estará sujeto “a los ángeles”. Es decir, no será dejado al gobierno de los ángeles.

El escritor se enfoca en el propósito de Dios para nosotros los humanos de algún día tener una posición magnífica de gloria y honor bajo Dios y por sobre la creación que Él ha hecho.

sino que está bajo el cuidado especial del mismo Redentor. sino que Jesucristo por Su gran poder reinará. El mundo venidero está entregado a Cristo y puesto en absoluta sujeción a Él solamente, en todo aspecto espiritual y eterno.

II. Tenemos una prueba escritural de que a Jesús se le pondrá el mundo venidero en sujeción, tomada del Salmo 8:4-6. Dichas palabras deben ser consideradas tanto aplicables a la humanidad en general, y como está aplicado aquí al Señor Jesucristo.

Los favores de Dios hacia el hombre proceden de sus pensamientos eternos y propósitos de misericordia para ellos. Dios siempre está pensando en nosotros, por lo que nunca debemos olvidarnos de Él. Dios hizo al hombre la cabeza de todas las criaturas en este mundo inferior, el pináculo de Su construcción, solamente un poco menor que los ángeles. Le coronó de gloria y honra, la honra de tener las facultades del alma, órganos excelentes y partes del cuerpo, capaz de gozar de la felicidad de ambos mundos. Le dio el derecho y dominio sobre las creaturas inferiores, lo cual continuó mientras él continuó en su lealtad y deber hacia Dios.

El todo de lo que está dicho aquí solo puede ser aplicable a Cristo. Dios hizo a Cristo un poco menor a los ángeles, en su humanidad, para que pudiera sufrir y humillarse a Sí mismo hasta la muerte. Dios coronó la naturaleza humana de Cristo con gloria y honor, en su perfecta santidad, y al tener el Espíritu sin medida, la plenitud de la deidad habitando en Él corporalmente, para que por sus sufrimientos pudiera dar satisfacción, gustando la muerte por cada hombre. Como recompensa por Su humillación en sufrir la muerte, Dios lo coronó con gloria y honra, promovido a la más alta dignidad en el cielo, teniendo dominio absoluto sobre todas las cosas, cumpliendo así la Escritura en Cristo, la cual nunca fue cumplida de tal manera en ningún hombre sobre la tierra.

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Habiendo mencionado la muerte de Cristo, el autor procede a prevenir y remover el escándalo de la cruz, y esto lo hace mostrando cómo convenía a Dios que Cristo tuviera que sufrir y cuánto el hombre se beneficiaría por dichos sufrimientos.

I. Convenía a Dios que Cristo debía sufrir. Dios es descrito como el fin último y causa primera de todas las cosas, y como tal le convenía asegurar su propia gloria en todo lo que Él hace, no solamente para que al actuar de ninguna forma se deshonrara a Sí mismo, sino que Él pudiera en todo glorificarse.

Dios el Padre hizo al Señor Jesucristo el capitán de nuestra salvación (es decir, lo consagró, lo señaló para ese oficio, le dio una comisión para ello) y lo hizo un capitán perfecto: tuvo perfección de de sabiduría, coraje y fortaleza, por el Espíritu del Señor, que tuvo sin medida, fue perfeccionado a través de los sufrimientos, es decir, Él perfeccionó la obra de nuestra redención al derramar Su sangre, y fue por lo tanto perfectamente calificado para ser un Mediador entre Dios y el hombre. Encontró su camino a la corona a través de la cruz, y así lo debe hacer Su pueblo también.

Los verdaderos creyentes son aquellos que son santificados, separados de usos viles y malos a usos y propósitos altos y santos. Cristo y los cristianos, son todos de uno. ¿Cómo? Todos son de un solo Padre celestial, que es Dios. Dios es el Padre de Cristo por generación eterna, y de los cristianos por adopción y regeneración. Todos son de un solo padre terrenal, Adán. Cristo y los creyentes tienen la misma naturaleza humana.

Relación entre Cristo y los creyentes: Él no se avergüenza de llamarlos hermanos. Cristo y los creyentes son hermanos. Cristo no se avergüenza de tener esta relación.

Salmo 22:22. Este salmos era una profecía de Cristo, comienza con Sus palabras en la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
Salmo 18:2. Este salmo presenta los problemas que David, como un tipo de Cristo, se encontró, y cómo él en todos sus problemas puso su confianza en Dios. Esto nos muestra que a parte de su naturaleza divina, Él tuvo que tomar otra naturaleza sobre Él, que necesitaría ese soporte que sólo Dios puede dar. ÉL sufrió y confió como nuestra capeza y presidente.
Isaías 8:18. Esto prueba que Cristo fue verdadero hombre, porque los padres y los hijos son de la misma naturaleza.

La encarnación de Cristo

Aquí el autor procede a tratar sobre la encarnación de Cristo, tomando sobre sí no la naturaleza de los ángeles, sino de la semilla de Abraham, y muestra las razones para hacerlo así.

1. Dios se hizo verdaderamente hombre. La naturaleza de los ángeles no podía ser un sacrificio propiciatorio por el pecado del hombre. Cristo tomo sobre sí la naturaleza humana para que la misma naturaleza que pecó, sufriera, para restaurar a la naturaleza humana a un estado de esperanza y salvación. Hay esperanza para el primero de los pecadores. Aquí hay un precio pagado suficiente para todos, adecuado para todos, por que fue en nuestra naturaleza.

2. Se hizo hombre para que pudiera morir, como Dios no podía morir, y por lo tanto asumió otra naturaleza y estado. Aquí se muestra el maravilloso amor de Dios en que, sabiendo Cristo lo que debía sufrir en nuestra naturaleza, y cómo debía morir en ella, aun así prontamente la tomó sobre sí.

3. Para que a través de la muerte destruyera a aquel que tenía el poder de la muerte, esto es, al diablo. El diablo fue el primer pecador, y el primer tentador al pecado, y siendo el pecado la causa de la muerte, se puede decir que él tiene el poder de la muerte, al llevar a los hombres al pecado, cuyos caminos son de muerte. También se le permite aterrar las consciencias de los hombres con el temor de la muerte. Pero ahora Cristo lo ha destruido, ya que no puede mantener a nadie bajo el poder de la muerte espiritual, ni pedir el alma de nadie, ni ejecutar la sentencia sobre nadie sino sobre aquellos que escogen voluntariamente permanecer en sus pecados y persistir en su enemistad hacia Dios.

Cristo se hizo hombre y murió, para librarnos de aquellas perplejidades del alma, haciéndonos saber que la muerte no sólo ha sido conquistada como enemigo, sino que es un amigo reconciliado, no enviada separada del amor de Dios, sino como un paso hacia la vida eterna y bendición, por lo que ahora la muerte no está en manos de Satanás, sino en las manos de Cristo. No un siervo de Satanás, sino un siervo de Cristo.

5. Cristo fue hecho como sus hermanos, para poder ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote para el soporte y consuelo de Su pueblo. Aquí observemos, la pasión de Cristo, padeció siendo tentado. Y sus tentaciones no fueron la menor parte de sus sufrimientos. Fue tentado en todo a semejanza nuestra. La compasión de Cristo. El és tocado por un sentimiento de nuestras debilidades. Como un médico que simpatiza, tierno y hábil, Él sabe cómo tratar con las almas tentadas y en pena, porque Él mismo estuvo enfermo de la misma enfermedad, no del pecado, sino de la tentación y problemas del alma.


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Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios. Hebreos 6:7