martes, 4 de enero de 2011

Formando mis propósitos para este año (y los venideros)

Siempre he considerado todo este asunto de los propósitos de año nuevo como algo trivial . Nunca, en toda mi vida, me había hecho propósitos de año nuevo. Simplemente no me parecía algo que valiera la pena darle importancia. Tengo que confesar que incluso consideraba con cierto desdén esta tarea.

Sin embargo, mi perspectiva en cuanto a ello a cambiado ligeramente. Ahora veo claramente el valor de hacerse de propósitos en determinado momento de la vida. Jonathan Edwards, con sus famosas resoluciones o propósitos es un ejemplo de ello. Además de todo, reconozco el hecho de que todos vivimos dirigidos por algún o algunos propósitos. Algunos lo hacen explícito. Otros viven de acuerdo a propósitos que están implícitos en los pensamientos de su corazón. Así que, si finalmente estoy viviendo y voy a vivir de acuerdo a ciertos propósitos, me conviene mucho sentarme a pensar cuáles son estos y definir claramente cuáles quiero que sean los propósitos que dirijan mi actuar el resto de mi vida.

Este año he decidido hacerme de propósitos, los cuales espero no tengan vigencia de tan sólo 365 días, si no que sean una influencia para el resto de mi vida. Pero, ¿por dónde empezar? Gracias a Dios, en los últimos días del año 2010 tuve tiempo para leer un par de libros que me están ayudando a formar la clase de propósitos que servirán para glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Uno de ellos es el libro de J. C. Ryle, Caminando con Dios. Las implicaciones prácticas del cristianismo, que es en realidad una colección de sermones del buen obispo Ryle editada por Faro de Gracia. Este libro me ha ayudado a definir primero, la motivación o el por qué de hacerse de propósitos a inicio de este año. El sermón titulado La felicidad me ha provisto de muchas verdades a considerar al momento de redactar mis propósitos.

Para empezar, ¿por qué la mayoría de las personas se hacen de propósitos a inicios de cada año? Sin duda alguna, por que quieren alcanzar cierto grado de felicidad. Quieren mejorar su condición respecto al año anterior. Cito a Ryle:

Toda persona quiere ser feliz y esto es natural. Pero, ¡Cuán pocos comprenden realmente lo que es la felicidad!

Así es. Yo también quiero ser feliz. Y quisiera que mis propósitos contribuyan a ello. Sin embargo, tengo que estar atento para no confundir la fuente de la verdadera felicidad. Ryle nos aclara que:

La felicidad verdadera no es la completa libertad de la tristeza y las incomodidades.

Este pensamiento tiene que ser un eje fundamental sobre el cual giren mis pensamientos acerca de mis propósitos de vida. La mayoría de las personas hacen sus propósitos con miras de satisfaces necesidades físicas o materiales: bajar de peso, dejar de fumar, comer más saludablemente, adquirir un auto, mejorar la casa, etc. Sin embargo, el sermón de Ryle me ha ayudado que todas estas cosas no deben encontrarse dentro de mis principales propósitos:

¿Cuáles son nuestras necesidades más profundas? ¡No son simplemente las corporales! Si queremos ser verdaderamente felices, nuestra felicidad no debe depender de ninguna cosa en este mundo.

Los logros y el éxito no traen la verdadera felicidad. Los hombres exitosos no son necesariamente felices... Las riquezas no traen la felicidad... La ciencia y el conocimiento no traen por sí mismos la felicidad... Una vida sin carencias tampoco trae la felicidad... El placer tampoco trae la felicidad.

¿Es usted una persona joven? Le ruego no malgaste su vida buscando la felicidad en donde no puede ser encontrada. ¿Está usted pobre? ¿Piensa usted que si sólo fuera rico estaría feliz? Resista esa tentación. Hay tanta miseria entre los ricos como entre los pobres.

Estas pensamientos de Ryle me han hecho pensar mucho en los últimos días. Ahora entiendo que mi búsqueda por formar propósitos para este año y los venideros no debe enfocarse en obtener una promoción en mi empleo para un mejor salario, o adquirir un auto nuevo, o una computadora nueva, o cualquier otra clase de bien material. No es hacia allá donde debo enfocar mis propósitos. Mi meta debe ser otra:

La única manera para ser feliz es siendo un creyente verdadero y ferviente. El creyente verdadero es la única persona realmente feliz... Quiero decir la persona que ha sido enseñada por el Espíritu Santo a arrepentirse de sus pecados y a poner su esperanza y su confianza en el Señor Jesucristo; la persona que ha nacido de nuevo y que vive una vida espiritual y santa...

No quiere decir que no tenga ansiedades ni problemas de ningún tipo, o que nunca llore. Pero, en lo más profundo de su corazón él tiene una paz sólida y un gozo verdadero.

Ahora sé que mis propósitos no deben estar enfocados principalmente a obtener una vida más cómoda y libre de problemas y ansiedades, sino a la tarea de conocer más a Jesucristo y su sacrificio en la cruz hecho por mí. Cito a Ryle de nuevo:

Sin Cristo, ningún hombre en este mundo puede ser verdaderamente feliz, no importa cuán buenas sean sus circunstancias.

¿Es usted feliz? Si usted está viviendo para este mundo, entonces sabe en su corazón que no es verdaderamente feliz.

Quiero ser verdaderamente feliz en Cristo para la gloria de mi Salvador. Quiero vivir una vida que demuestre que mi única fuente de felicidad es el Señor, y que todo lo que hago va orientado a este único y gran propósito. Pero, de nueva cuenta. ¿Por donde empiezo? ¿Qué cosas prácticas tengo que incluir en mi lista? Todavía no llego al punto de redactar dicha lista, pero Ryle me ha provisto de preciosas y valiosas ideas acerca de qué incluir:

Primero, esfuércese para crecer en la gracia año tras año. Tenga cuidado de no estancarse o de vivir de las experiencias del pasado. Esfuércese por ir adelante. Lea más fervientemente la Biblia, ore con más fervor, odie más el pecado, niéguese más a sí mismo, mantenga libre su conciencia de los pecados pequeños, no contriste al Espíritu...

Segundo, esfuércese en ser más agradecido año tras año. Aprenda a alabar más a Dios por su bondad.

Tercero, esfuércese en hacer más bondades año tras año.

Así que mis propósitos para este año y los siguientes deben estar orientados a realizar un esfuerzo de crecer en la gracia. Mis propósitos deben estar relacionados con la formación de una vida disciplinada de devoción a Dios por medio de la lectura de Su Palabra y de la oración. También debo hacer esfuersos prácticos, de los cuales pueda rendir cuentas, sobre crecer en santidad (odiar el pecado, negarme a mísmo y llevar una vida de confesión a Dios y de rendición de cuentas a otros).

Quizás dentro de mis propósitos deba incluir una búsqueda de formas frescas de alabar a Dios por su bondad. Quiero también que dentro de mis propósitos esté el encontrar formas prácticas y tangibles de crecer en generosidad hacia mi familia, mis hermanos en Cristo y hacia los necesitados que puedan estar a mi alcance.

Ryle termina con este pensamiento explosivo:

Los hombres más santos son los hombre más felices.


Si. En definitiva quiero hacerme de propósitos. Quiero que estos propósitos orienten mi vida hacia Cristo, hacia la Cruz donde Él se sacrificó, hacia el amor eterno e infinito del Padre que me amó cuando no lo merecía. Espero que esta vida orientada hacia Dios produzca un gozo y una paz creciente y satisfactoria, para la misma gloria de Dios, quien es exaltado cuando Él es nuestra verdadera felicidad.

Aun no termino de redactar mis propósitos. Pero por la gracia y la misericordia de Dios, creo que voy por buen camino.... Después de todo, quiero que sea toda mi vida (no sólo un año) el escenario donde estos propósitos se cumplan.

¡Bendiciones en este año que inicia!


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Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios. Hebreos 6:7