Hace aproximadamente cinco años cambié de institución educativa en la que laboraba. En ese entonces, era para mí algo común el expresar con personas cercanas (esposa, padres, amigos) insatisfacción, enojo o quejas hacia la institución que dejé. Por demás está decir que al principio, mi nuevo centro de trabajo me parecía más que excelente. Me dotaron de una oficina y de equipo de trabajo. Por supuesto el salario era mejor, así como las prestaciones. En fin, al principio, todo era miel sobre hojuelas.
Sin embargo, a medida que los años han pasado, he empezado a ver las deficiencias, carencias y defectos de mi actual centro de trabajo. Después de todo, no era el centro de trabajo perfecto. Tampoco mis compañeros de trabajo. Aunque estoy feliz, satisfecho y agradecido con Dios por mi actual empleo, de todas formas, a veces me encuentro expresando insatisfacción o queja hacia mi centro de trabajo. Así como yo, en muchas ocasiones he escuchado palabras similares a otras personas.
Estoy convencido que uno de los pecados más tolerados entre los creyentes es quejarnos de nuestras circunstancias. Lo toleramos porque después de todo.... no le hace daño a nadie cuando expresamos nuestra inconformidad con algo o alguien, ¿no es así?
Sin embargo, las Escrituras nos presentan una perspectiva diferente acerca de esta situación. Ellas nos muestran claramente lo pecaminoso de nuestra actitud cuando estamos quejándonos. Un pasaje que nos ilumina acerca de ello es Éxodo 16. Al principio de este capítulo, la Biblia nos narra las circunstancias del pueblo de Israel:
Para empezar, ya tenemos una palabra bíblica que describe la actitud de quejarse de las circunstancias: MURMURAR. El diccionario de la lengua española define murmurar como: Hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por algo.
Eso es precisamente lo que estaban haciendo los israelitas: se quejaban de su presente situación. Así como yo con mi primer centro de trabajo, mientras los Israelitas estaban en Egipto, clamaban a Dios por liberación. Sus circunstancias eran extremas. Dios responde de manera soberano y poderosa sacando a Su pueblo de la esclavitud en Egipto, y los empieza a dirigir hacia la tierra prometida.
Sin embargo, durante el camino hacia la tierra de Canaan (y al igual que yo con mi nuevo centro de trabajo) los israelitas se dan cuenta que no todo era miel sobre hojuelas. En el desierto donde están ahora no tienen ninguna fuente aparente de alimento, a diferencia de cuando estaban en Egipto. Empiezan a experimentar cansancio, sed, hambre, posiblemente las continuas quejas de hijos, esposas, esposos, etc. Acampar en el desierto no es precisamente como estar en la Riviera Maya.
Es entonces cuando los israelitas comienzan a murmura. Noten que la Escritura no dice que se quejaban de Dios, echándole a Él la culpa de su nueva y difícil situación. No, ellos se quejaban de sus líderes, Moisés y Aarón, quienes aparentemente habían tomado la errada decisión de llevar al pueblo a través del desierto.
Al igual que los israelitas, ninguno de nosotros nos atreveríamos a quejarnos de Dios, ¿verdad? Al menos, eso pensamos... Solamente nos quejamos de nuestros vecinos, de nuestro empleo, de nuestros hijos o esposas, de nuestra iglesia, de nuestra salud....
Sin embargo, hay un problema: ¿quién te ha dado todo lo que tienes? ¿No es acaso Dios quien nos ha provisto de la familia que tenemos, así como de la casa donde vivimos, de nuestro empleo, de nuestro auto, incluso de nuestra salud y vida? Entonces, quejarnos o murmurar de estas circunstancias es quejarse y murmurar contra Dios. Eso es precisamente lo que Moisés le dice al pueblo:
Entonces Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que el SEÑOR os ha sacado de la tierra de Egipto;
Algo que me llama mucho la atención de este texto es que dice, al menos tres veces, que el Señor escuchar nuestra murmuración. Aún si nuestra queja está sólo en nuestros pensamientos, Dios la conoce y escucha nuestros pensamientos. De nuestro Dios no hay algo que podamos esconder.
Meditando en estas verdades, he profundizado un poco más acerca de:
¡Alabado sea el Señor por el verdadero alimento que nos ha otorgado! Es en el poder de Su gracia que podremos aprender a no quejarnos de nuestras circunstancias, sino a dar gracias por todo, como la Escritura nos instruye.
Sin embargo, a medida que los años han pasado, he empezado a ver las deficiencias, carencias y defectos de mi actual centro de trabajo. Después de todo, no era el centro de trabajo perfecto. Tampoco mis compañeros de trabajo. Aunque estoy feliz, satisfecho y agradecido con Dios por mi actual empleo, de todas formas, a veces me encuentro expresando insatisfacción o queja hacia mi centro de trabajo. Así como yo, en muchas ocasiones he escuchado palabras similares a otras personas.
Estoy convencido que uno de los pecados más tolerados entre los creyentes es quejarnos de nuestras circunstancias. Lo toleramos porque después de todo.... no le hace daño a nadie cuando expresamos nuestra inconformidad con algo o alguien, ¿no es así?
Sin embargo, las Escrituras nos presentan una perspectiva diferente acerca de esta situación. Ellas nos muestran claramente lo pecaminoso de nuestra actitud cuando estamos quejándonos. Un pasaje que nos ilumina acerca de ello es Éxodo 16. Al principio de este capítulo, la Biblia nos narra las circunstancias del pueblo de Israel:
Partieron de Elim, y toda la congregación de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de su salida de la tierra de Egipto. Y toda la congregación murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto. Y los hijos de Israel les decían: Ojalá hubiéramos muerto a manos del SEÑOR en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud (Éxodo 16:1-3, BLA).
Para empezar, ya tenemos una palabra bíblica que describe la actitud de quejarse de las circunstancias: MURMURAR. El diccionario de la lengua española define murmurar como: Hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por algo.
Eso es precisamente lo que estaban haciendo los israelitas: se quejaban de su presente situación. Así como yo con mi primer centro de trabajo, mientras los Israelitas estaban en Egipto, clamaban a Dios por liberación. Sus circunstancias eran extremas. Dios responde de manera soberano y poderosa sacando a Su pueblo de la esclavitud en Egipto, y los empieza a dirigir hacia la tierra prometida.
Sin embargo, durante el camino hacia la tierra de Canaan (y al igual que yo con mi nuevo centro de trabajo) los israelitas se dan cuenta que no todo era miel sobre hojuelas. En el desierto donde están ahora no tienen ninguna fuente aparente de alimento, a diferencia de cuando estaban en Egipto. Empiezan a experimentar cansancio, sed, hambre, posiblemente las continuas quejas de hijos, esposas, esposos, etc. Acampar en el desierto no es precisamente como estar en la Riviera Maya.
Es entonces cuando los israelitas comienzan a murmura. Noten que la Escritura no dice que se quejaban de Dios, echándole a Él la culpa de su nueva y difícil situación. No, ellos se quejaban de sus líderes, Moisés y Aarón, quienes aparentemente habían tomado la errada decisión de llevar al pueblo a través del desierto.
Al igual que los israelitas, ninguno de nosotros nos atreveríamos a quejarnos de Dios, ¿verdad? Al menos, eso pensamos... Solamente nos quejamos de nuestros vecinos, de nuestro empleo, de nuestros hijos o esposas, de nuestra iglesia, de nuestra salud....
Sin embargo, hay un problema: ¿quién te ha dado todo lo que tienes? ¿No es acaso Dios quien nos ha provisto de la familia que tenemos, así como de la casa donde vivimos, de nuestro empleo, de nuestro auto, incluso de nuestra salud y vida? Entonces, quejarnos o murmurar de estas circunstancias es quejarse y murmurar contra Dios. Eso es precisamente lo que Moisés le dice al pueblo:
Entonces Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que el SEÑOR os ha sacado de la tierra de Egipto;
... y por la mañana veréis la gloria del SEÑOR, pues El ha oído vuestras murmuraciones contra el SEÑOR; ¿y qué somos nosotros para que murmuréis contra nosotros? Y Moisés dijo: Esto sucederá cuando el SEÑOR os dé carne para comer por la tarde, y pan hasta saciaros por la mañana; porque el SEÑOR ha oído vuestras murmuraciones contra El. Pues ¿qué somos nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra el SEÑOR (Éxodo 16:7-8, BLA)
Los israelitas murmuraban contra Moisés y Aarón. Pero al hacerlo, en realidad murmuraban contra el Señor, quien había puesto a estos hombres como líderes, quien había instruido a sus líderes a llevar al pueblo por el desierto y en última instancia, quien era el responsable de la salida poderosa del pueblo de Egipto.
Algo que me llama mucho la atención de este texto es que dice, al menos tres veces, que el Señor escuchar nuestra murmuración. Aún si nuestra queja está sólo en nuestros pensamientos, Dios la conoce y escucha nuestros pensamientos. De nuestro Dios no hay algo que podamos esconder.
Meditando en estas verdades, he profundizado un poco más acerca de:
- La profundidad de mi pecado. Tengo un corazón que es capaz de quejarse del Dios vivo y verdadero.
- La grandeza de la gracia y la misericordia del Señor. Dios le proveyó de pan al pueblo de Israel a pesar de sus murmuraciones.
¡Alabado sea el Señor por el verdadero alimento que nos ha otorgado! Es en el poder de Su gracia que podremos aprender a no quejarnos de nuestras circunstancias, sino a dar gracias por todo, como la Escritura nos instruye.
No me considero un ser religioso (por lo cual no citare ningún texto bíblico) sino más bien un tanto reflexivo, siempre he pensado que no es adecuado quejarnos de lo que carecemos y es bueno apreciar lo que poseemos pero por otra parte siempre es conveniente perseguir metas más altas, y cabe mencionar que, el desarrollo humano, científico y tecnológico no se logra a través de la inconformidad de nuestro estado actual sino más bien a través de la pasión hacia la ciencia y el arte (observar eso es fácil si se estudia la vida de los seres mas revolucionarios del planeta), disfruta lo que haces y serás guiado por la vida.
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